miércoles, 30 de diciembre de 2009

COMBIS ASESINAS

Las calles están inundadas de combis. Todo el mundo las odia hasta el cansancio pero muchas veces no queda más remedio que montarse en una de ellas, aunque el puto olor a sobaco del cobrador altere tus intestinos.

Todos allí adentro parecen estar de mal genio, gracias al caos de la ciudad y a las maniobras suicidas del conductor, quien se afana por llevar la manada hasta su destino final. Nadie sonríe, nadie conversa. Si mucho el grito de una mujer cuarentona contra el cobrador por los 20 céntimos de más que pretende cobrarle. Todos miran impávidos la escena pero nadie dice nada. Es lo común, es el tráfico, es el Perú.

La otra vez me subí a una de ellas y su conductor parecía que estaba apostando carreras con el conductor de otra combi, más aplastada y más vieja que la suya. Apenas apretaba el acelerador y con sus dos manos agarraba el timón como si quisiera sacar del paso a los demás autos que se atravesaban cuando el semáforo estaba en rojo. Parecía demente, enloquecido, como si quisiera volar, como si quisiera estrellarse contra el mundo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Darkman Rostro de la Venganza

Estaba yo paseando por el Corte Inglés cuando me encontré esta pelicula…

Y dije… “Uhmm, Darkman” (dígase con el apropiado tono de Hommer Simpson)

Pero antes… unos datillos sobre la misma…

Darkman

Tras el escaso éxito comercial de Terroríficamente muertos (Evil Dead 2, 1987), secuela de su monumental éxito, la estupenda Posesión infernal (The Evil Dead, 1982), Sam Raimi, sin duda, se vio en el brete de producir una cinta comercial que le devolviera el favor del público. De ahí procede Darkman, una película basada en una idea original del propio realizador, que rastrea en mitos previos del cine de terror como el Fantasma de la Ópera o el Vincent Price de Los crímenes del Museo de Cera (House of Wax, 1953), todo ello con una estética claramente imbuida del Batman (Batman, 1989) de Tim Burton -la música de Danny Elfman ayuda a percibir esos ecos- y una modulación fatalista abiertamente inspirada en la saga de Frankenstein de Terence Fisher para la Hammer, particularmente la obra maestra El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969), de donde toma la idea del científico que ha perdido su identidad a partir de la pérdida de su propio reconocimiento ante el espejo, y que ha de huir de su mujer, desesperado y hundido.

Por fortuna, Raimi decide proponer este divertido espectáculo de acción, horror y compasión con un apreciable -y apreciado- respeto al público, con su siempre sorprendente sentido de agilidad visual y con unas elipsis de transición sencillamente magistrales (Frances McDormand asistiendo a la explosión del laboratorio donde supone que ha muerto Liam Neeson, y la inmediata conversión de la mujer en una enlutada ante la tumba de un cementerio). El conjunto se ve reforzado por la ya referida música de Danny Elfman que, en su émulo de la partitura para Batman, logra desatar notas originales y brillantes, en ocasiones de un desatado romanticismo; por la brillante fotografía de Bill Pope, de exacerbado cromatismo que remite a los comics de la EC de los años 50 -el cómic, he aquí otra de las diáfanas influencias de Raimi-; y por un muy sólido reparto, con Liam Neeson como el torturado personaje principal, Frances McDormand (mucho más guapa que cuando la ruedan su marido y su cuñado, los hermanos Coen) y el estupendo Larry Drake. Quedan al margen simpáticos cameos por parte de John Landis, la deliciosa Jenny Agutter (aquí como una repelente médico que tortura a nuestro protagonista) y Bruce Campbell (éste como Darkman al final, cuando se mezcla con la multitud).

lo Bueno...!

Soberbio trabajo de Sam Raimi que ha construido un personaje que parece haber salido del cómic. En ningún momento renuncia a su sentido del humor que combina con escenas dramáticamente fuertes, una mezcla de la que resulta un film de serie B, muy bien realizado y elaborado. Sobresaliente también la música de Danny Elfman, al que como siempre se le ve muy dotado para este tipo de películas (Spidernam, Batman, Hulk...) en las que se le ve desenvuelto y muy cómodo.


Raimi aprovecha el que hasta esa fecha fue su mejor presupuesto para poner en marcha su vertiginoso estilo de filmación que le hace diferente y que queda perfecto, algunas de sus escenas recuerdan a su “Posesión infernal”, sus movimientos de cámara y cambios de plano son complejos pero sumamente efectivos. Ver ese momento en que a la prometida del científico le comunican su fallecimiento y un fundido maravilloso nos lleva al cementerio, detalles que hacen que esta película luzca y tenga una apariencia mayor de lo que su presupuesto daba de sí.